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Lo que quizás usted quería saber sobre deuda en el tambo (pero no se animaba a preguntar)

Lo que quizás usted quería saber sobre deuda en el tambo (pero no se animaba a preguntar)

Un tema tabú…
No es un tema menor, ni mucho menos, (especialmente en algunas empresas que conocen el lastre que significa una deuda importante, y cómo hacerle frente).
En el caso de los tambos, está la difundida práctica de llevar esa deuda a, por ejemplo, la cantidad de liquidaciones equivalentes del último mes considerado (por ejemplo junio, en el caso de que el ejercicio abarque desde el primero de julio de determinado año hasta el 30 de junio del año siguiente). Y que es mucho más representativo que considerar la liquidación promedio del ejercicio, que generalmente “dice poco” (tanto por las variaciones de precio acontecidas durante en el ejercicio como en la producción mensual a lo largo del mismo).
Incluso, no está de más ahondar un poco más en el análisis, de modo de llevar a liquidaciones de venta de leche equivalentes, del último mes, por un lado la deuda a proveedores, que suele denominarse “de corto plazo”, y por otro, la deuda de largo plazo, que puede ser por ejemplo referida a créditos bancarios, e incluso a la que en determinados casos puede haberse generado por aportes de alguno/s de los socios a la empresa en determinado momento.

¿Y hasta dónde endeudarse…?

  Aclaremos que endeudarse no es mala palabra, ni mucho menos. Hasta se podría afirmar que una empresa (tambera en este caso) difícilmente pueda crecer, renovar la maquinaria, adecuar las instalaciones del tambo, entre otros objetivos, sin tomar deuda.

   El asunto más delicado viene por el lado de la deuda de proveedores, que es a corto plazo, que generalmente tiene pocas posibilidades de ser refinanciada. 

  Y que puede llevar a que esa empresa, que “se tome su tiempo” para pagar las facturas, sufra las consecuencias de esa estrategia. Por ejemplo, no pudiendo acceder a los precios más ventajosos y/o descuentos por rápido pago que tienen esas “buenas pagadoras”. En otras palabras, que siempre tenga que pagar un “sobrecosto” debido a esas demoras en cancelar las deudas. Y no estaría de más poder llegar a calcular cuál es ese sobrecosto a lo largo de un ejercicio, de modo de conocer lo que totaliza (y que podría ser una verdadera sorpresa en más de un caso…)

  Volviendo a la pregunta que da título a este párrafo, como en muchos otros aspectos, no hay recetas establecidas sino que cada empresa evaluará cuál es SU límite de deuda a tomar, es decir, en una suerte de semáforo, cuándo se prendería la luz amarilla del supuesto “semáforo” para advertir que las cosas se están complicando. Porque cada empresa tiene su propia “espalda financiera”.

    Pero, de nuevo, esa luz amarilla (y eventualmente la roja) no tienen valores tabulados sino que hay que establecerlos en cada empresa.

Aclaremos que endeudarse no es mala palabra, ni mucho menos

En el caso de La Querencia, Carlos F., quien gerencia el tambo, siempre sostiene que él no considera el tema como “endeudarse” sino como “apalancarse” (que suena mucho mejor porque implica que la empresa está tomado deuda para crecer, hacer nuevas inversiones, todo lo cual es muy loable).

Pero, ese apalancamiento tiene que tener cierto criterio. No es cuestión, según varios de los integrantes del grupo de productores al que pertenece, de permanecer endeudado una y otra vez.

Enrique G., por ejemplo, tiene como premisa que la deuda no supere las dos liquidaciones de leche equivalentes.

Luis D., en cambio, que alguna vez llegó a deber 8 liquidaciones, y “sobrevivió” para contarlo, supone que puede llegar a ese nivel, que recién entonces se podría prender SU luz amarilla. Y que seguramente sabrá cómo superarlo, teniendo en cuenta que ya lo logró alguna vez (aunque hay que aclarar que las condiciones bastante particulares de la economía del país de aquella vez le jugaron a favor, pero eso no ocurre todos los días).

Retomando el caso de La Querencia, si bien. A pesar de ello,Carlos F. sigue insistiendoen que la empresa no está endeudada sino apalancada.Y una vez, o incluso antes, de haber terminado de cancelar un préstamo bancario, ya está averiguando qué otro crédito tomar. Es casi como que no se permite estar sin tener contraído un préstamo (cuando en realidad viene operando a tres o cuatro préstamos en simultáneo desde hace varios años: tal crédito en determinado banco, tal otro en ese otro banco, y así sucesivamente…).

Pero, a la hora de “los bifes”, le cuesta definir, en concreto, para qué estaría apalancada en todo caso la empresa con ese nuevo préstamo. Es decir, cuáles son los objetivos concretos, por área, cada uno con su monto respectivo, que explican ese apalancamiento.  

No hay recetas establecidas sino que cada empresa evaluará cuál es SU  límite de deuda a tomar

No sea cosa, como dice el vasco Iñaki G, compañero del grupo (que no se las calla) que al final se esté “apalancando” la empresa para pagar otro crédito contraído. O (lo cual no es excluyente) para financiar los mayores retiros de los socios, que vienen reclamando un aumento importante, de modo de equiparar lo que ellos consideran que percibirían si en lugar de seguir produciendo leche, simplemente se dedicaran a arrendar su porción de campo. Pero, eso sí, tomando los arrendamientos topes del barrio, y suponiendo que todo el valor de ese arrendamiento llegaría a sus bolsillos libre de polvo y paja, es decir libre de impuestos. 

Porque suponen además que debería ser la empresa la que se haga cargo de la parte impositiva que corresponda (léase impuesto a las ganancias, inmobiliario, red vial) todo lo cual es una aspiración tras otra que lo hace más que ir matando a la gallina de los huevos de oro, que es la misma empresa).

Cuando la deuda no es externa sino interna…

Porque, volviendo a algo antes mencionado (y que se da en más de una empresa), también puede darse el caso de contraer deuda puede que sea con los socios mismos, que son los dueños de la empresa. Por ejemplo porque se le otorgó un préstamo a alguno de los socios, porque. Un caso: en Las Orquídeas, Horacio, el mayor de los hermanos lo solicitó para poder concretar el cambio de su camioneta.

Aclaremos que toda coincidencia con la realidad no es pura casualidad, sino que es algo que sucede en forma más a menudo de lo que muchos suponen.

Pero hay que ser cuidadoso en este tema, porque otorgarle un crédito a un socio siempre sienta precedentes…

No será la primera vez que, en simultáneo o al poco tiempo, otro socio sea el que no tenga mejor idea que solicitar su crédito a la empresa, suponiendo que es lo que corresponde. Pero eso puede generar (y seguramente así será) problemas, por aquello de que “¿por qué a él /ella sí y a mí no….?”

Y que por otorgar ese préstamo se desemboque en un conflicto familiar que puede no tener vuelta atrás…

Es por eso que en el caso de Don Tomás, han venido trabajando, discutiendo (no en un par de días sino durante varias semanas, y con asesoramiento externo), para llegar a confeccionar finalmente lo que se puede denominar un “protocolo familiar” sobre este tema (y otros que luego vendrán en otros artículos). 

Todo porque en su momento, Sara, una de las hermanas, solicitó un préstamo a la empresa para poder afrontar el costoso tratamiento de uno de sus hijos, el cual por supuesto le fue otorgado sin demora.

Pero, al poco tiempo, Carlos el menor, pidió a su vez su préstamo para cambiar su casa. Y no fue posible otorgárselo por no disponer de la suma solicitada (que era bastante importante por cierto). Eso trajo como consecuencia resquemores familiares, lo cual motivó a confeccionar el protocolo. 

También puede darse el caso de contraer deuda puede que sea con los socios mismos, que son los dueños de la empresa.

En él que se dejaron establecidos (por escrito, por supuesto) entonces, entre otros puntos que:

- No se otorgaría más de un crédito a los socios por ejercicio.

- Se fijó una suma máxima a otorgar, que estaría expresada en un mix de equivalentes en litros de leche y quintales de soja, por ser los productos de la empresa. Y en la proporción en la que cada producción participa en el ingreso de la empresa en el promedio de los últimos 5 años.

- Se fijaron además las condiciones (plazos y cuotas) en que se llevaría a cabo devolución del préstamo.

- También se estableció el período mínimo de antelación con el que se podrá solicitar dicho crédito (y quedaría sujeto al análisis del denominado “Consejo de familia” formado por los padres y los hermanos, en el que se analizaría y votaría, por sí o por no, la solicitud correspondiente.

- Hasta se previó cómo actuar en caso de que el socio en cuestión no devolviera el crédito en tiempo y forma. Porque de contrario, cabía la posibilidad de que, de ocurrir eso, no se estuvieran preparados para ver cómo afrontarlo, teniendo en cuenta que se trata de una empresa familiar, es decir donde se mezcla en forma constante lo familiar con lo empresarial, y no es posible separarlo en compartimentos estancos.

Porque al fin y al cabo, si bien puede que la empresa disponga del capital solicitado tampoco es cuestión de suponer que tiene la capacidad de cumplir el papel de un banco o de una financiera y los socios prefieren acudir a ella, pero que no exige requisito alguno para otorgar ese préstamo (presentar la famosa carpeta a la que siempre le falta algo), no cobra intereses (que en caso de los bancos suele ser en dólares a menor tasa pero a mayor tasa en pesos), y que, tampoco aplica intereses punitorios en caso de atrasarse en el pago de cuotas. 

 Ni siquiera pone condiciones para la cancelación anticipada de cuotas (como ocurre con los bancos)…La única desventaja podría llegar a ser que, en el caso de la empresa, probablemente no pueda refinanciar la deuda en caso de que el socios que tomó el préstamo lo solicite…

 No viene al caso especificar en números cada uno de los puntos de ese protocolo porque, al no haber recetas, cada empresa establecerá los parámetros a considerar en función del número de socios, de su situación financiera, de las prioridades que tenga respecto al destino de los ingresos a percibir.

 Es decir, por ejemplo, el monto máximo a otorgar, si serán hasta cuántos quintales de soja o litros de leche o kilos de novillo, o vacas preñadas, por ejemplo; si el plazo de devolución será desde 2 o hasta 5 años, en qué casos se podrá otorgar el préstamo, en qué productos equivalentes se calculará la deuda a cancelar, si tendrá (o no) una tasa de interés, entre otros tantos puntos. 

 Hasta puede ocurrir que la empresa en cuestión, decida que no se otorgarán préstamos a los socios, por lo menos hasta que mejoren las cosas. Porque su situación financiera no lo permite, o simplemente porque considera que no es su función. Estableciendo las excepciones, salvo situaciones excepcionales (por ejemplo por motivos de tratamientos médicos solamente).

Pero…(porque siempre hay un pero…)

Pero, de nuevo, que sea habiendo hecho antes de decidir el otorgamiento, un presupuesto financiero. Y que en todo caso no sea optimista sino más bien moderado, cosa de no encontrarse luego con sorpresas, es decir con baches financieros por haber otorgado ese préstamo.

Hasta, me atrevo a sugerir, sin excluir un escenario pesimista, para poder conocer, en el peor de los casos, cuáles podrían llegar a ser las consecuencias en esa situación, por haber otorgado el bendito préstamo.

Conclusión. En pocas palabras: vaya pensando en un protocolo...por las dudas… 

 

     Ing. Agr. Félix Fares

felixfares57@yahoo.com.ar

 

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